Taller de escritura: Mensaje en una receta

libros-pastelDe todos es sabido que los niños no nacen con un libro de instrucciones debajo del brazo y que no hay receta conocida para la felicidad.
Muchas novelas han reflejado la relación de la cocina con la vida. ¿Quién no recuerda las venturas y desventuras de Tita en “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel? El relato de hoy nos lleva a la cocina y sin duda nos abrirá el apetito. ¡Que aproveche!

Mensaje en una receta

Esther está otra vez en la cocina haciendo de las suyas. ¿Con qué me sorprenderá esta vez? Estoy trasteando por la red en busca de su regalo de cumpleaños. ¿Regalarle algo para la cocina sería machista? Espero que no, a ella le encanta cocinar.

Cotilleo por páginas de cocina creativa por aquí, de decoración de cupcakes por allá y termino sin saber cómo en un blog de repostería de aire pizpireto y jovial, como le gustan a Esther. Hay bastantes recetas con fotos ilustrativas, muchos dibujos y adornos. Pincho en unas “magdalenas de pera de conferencia” y la introducción es cuanto menos curiosa. La autora del blog está hecha a un lío. Su novio la saca de quicio y hay un chico que no puede sacarse de la cabeza, un tal Óscar, se llama como yo.

Continúo leyendo las “cerezas en aguardiente”, la bloguera se queja de la mamitis de su pareja y de su forma de colgar la colada. La web está abarrotada de anécdotas de la vida privada de la autora esparcidas como prólogo a sus recetas.

En la “tarta tatín” se desahoga por una decepcionante tarde de martes enclaustrada en la cocina por la falta de coherencia de Óscar porque a veces le da pie a desearlo y otras la ignora y la trata condescendientemente. ¿Se está comportando cómo una quinceañera? ¿Óscar es sólo un capricho? La guinda del pastel de “plátanos fritos caramelizados” la coloca una discusión por sábanas y desayunos en la cama con su novio.

Sigo trasteando por la web, disfrutando de los preludios de aquellas recetas sin saber todavía qué regalarle a Esther. Me detengo en la penúltima entrada, es del martes, “Brownie de chocolate con nueces”. La autora reconoce que es infeliz, su novio no llena los huecos que la agujerean y aunque la cuesta darse un voto de confianza y pensar que sigue resultando atractiva a pesar de haber surcado los treinta, se va a obligar a quererse más a sí misma.

Última entrada, de hace escasos cincuenta minutos. La decisión está tomada, con “Mousse de chocolate al cava con fresas” se sentencia a darse una oportunidad y va a poner toda la masa en el molde haciendo una llamada al tal Óscar. La autora está histérica y yo me siento defraudado, mi curiosidad tendrá que aguardar a la siguiente receta.

Esther se lamenta desde la cocina– ¿Cómo lo hará Ana? ¡Por Dios, a ella nunca se la quema! –se escuchan golpes de cacharros y suspiros- Ahora que me acuerdo, ¿sabes que lo ha dejado con el tipo ese del coche amarillo?

–¿El del Opel Corsa? –la pantalla de mi móvil se ilumina y en letras grandes se puede leer “Ana”.

–¿Quién llama? –Esther aparece con cara derrotada y la pregunta se diluye con el aroma de bizcocho quemado recién hecho.

Autor: Anónimo

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