Taller de escritura: La teoría de la mala vida

pensador¿Cuántos siglos lleva el ser humano preguntándose por el porqué de su existencia? ¿Y buscando la felicidad? Estas preguntas trascendentes y otras tantas han acompañado nuestro paso por este planeta y aún hoy  seguimos sin tener ninguna certeza sobre la respuesta a estas grandes preguntas. Tampoco parece que hayamos mejorado mucho nuestras habilidades humanas para encontrar y disfutar de la tan buscada felicidad. El relato de hoy quizá nos dé algunas pistas. Buena suerte.

 La teoría de la mala vida

En las siguientes líneas trataremos sobre uno de los discursos más presentes en la historia del pensamiento occidental y relacionado con la condición de la propia existencia del ser. Como fin, nos proponemos argumentar de forma concluyente que “vivir no es nada bueno”, utilizando como método la famosa reducción al absurdo para demostrar que lo contrario (la buena vida) es imposible. Dejaremos de lado las posibilidades que nos ofrece la enunciación de casos particulares de ejemplos en los que se demuestra de forma clara que “vivir es malo”, dado que, ante la incapacidad para comprobar todos los casos de vida de nuestra historia y presente, no podemos concluir mediante semejante método que “vivir es malo” sea una afirmación absoluta, rechazando todo argumento en favor de nuestra teoría que se base en la comprobación de casos fácticos.

A lo largo de toda nuestra historia una pregunta ha perseguido a todo ser racional: ¿qué hacemos aquí? Y la falta de respuesta a semejante cuestión no le ha hecho más que sumirle en un permanente estado de frustración. Los grandes pensadores de nuestra historia argumentan acerca de la cuestión del ser apelando a respuestas de índole religiosa, científica o, en ciertos casos, abierta. Pero lo cierto es que éste no es un debate sólo para grandes mentes, sino una pregunta cotidiana para cualquiera. Y es que cada uno convivimos con semejante incertidumbre a lo largo de nuestra existencia, aflorando nuestras mayores dudas en los momentos más crueles de la misma. ¿Cómo aprendemos a sobrellevar la situación? Aceptación, resignación, consuelo religioso…la psicología, la filosofía y la religión han pretendido responder a la pregunta de diferentes maneras. Sin ánimo de analizar cada una de ellas, lo única conclusión aceptable es que el enigma se mantiene “vivo”.

Como la propia psicología cognitiva argumenta, el estado de incertidumbre es muy duro para el hombre, incluso tanto o más que el de tristeza. La falta de respuestas ataca a un ser que se encuentra superado por su propia realidad y que busca consuelo en diferentes parcelas de su vida, ya sea en lo terrenal o en lo espiritual. Pero la verdadera cuestión es: ¿es compatible ese estado con el estado de felicidad?

Para responder a la cuestión deberíamos antes definir a qué nos referimos con “felicidad”. La neurociencia, la psicología, la religión…todas ellas aportarían una visión diferente o quizá parcial de la felicidad. Posiblemente la mezcla de todas ellas nos daría el equivalente a un concepto que es difícil de abarcar. Si nos remitimos al estado emocional que experimentamos en ocasiones, que intentamos mantener en el tiempo y que conlleva un bienestar personal y general en la relación con el mundo entonces todos sabremos de qué estamos hablando. Por todos es aceptado que muchos de nosotros experimentamos esas sensaciones físicas (espirituales para algunos) a las que llamamos momentos de felicidad. Pero muy posiblemente ninguno de nosotros defina su vida como un estado de felicidad absoluta y continuada. Si asumimos que nadie ha definido su vida de esa manera, quizá no sea aventurado aceptar que semejante estado de felicidad no es posible para la especie humana.

¿Cuál es la razón principal que impide la felicidad? Si tratamos una pregunta común deberemos entonces analizar aquello que es común a todos. Recuperando el debate anterior comprobamos que el estado de incertidumbre no escapa a ninguno de nosotros y que la falta de respuestas acerca de nuestra propia condición está presente de algún modo incluso en aquellas mentes más creyentes. Consideremos que un estado de incertidumbre constante acerca de lo más esencial a un ser racional es incompatible con uno de felicidad absoluta en el mismo. Por tanto, si no somos capaces de resolver el estado de incertidumbre ni de responder a las preguntas básicas entonces no podremos ser felices. Dado que la condición de vida y capacidad de nuestro ser impide dejar de formularse semejantes preguntas y, a su vez, impide encontrar respuesta a las mismas, debemos asumir entonces que el hombre no puede ser feliz en términos absolutos.

Dando un paso más podemos concluir que vivir no es bueno para el hombre, ya que todo hombre está condenado a un estado perpetuo de infelicidad del que sólo podría escapar dejando de ser hombre, algo que es imposible. Vivir bien es, por tanto, una contradicción en sí misma, un imposible. El hombre sólo vive una mala vida.

Autor: Jordi M. Lloreda

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Un pensamiento en “Taller de escritura: La teoría de la mala vida

  1. Jordi que cruel y real es tu encaje filosófico del vivir, dejas la felicidad en los sueños y proyectos deseados que rara vez se cumplen o se disuelven en la nada compleja de nuestras emociones. Por suerte en esta búsqueda y mientras hacemos nuestra andadura, hay tentempiés: El sexo, el amor, una exquisitez gastronómica, la sonrisa de un niño, los ideales, el misticismo, etc. El problema es cuándo se llega a cumplir décadas y todo eso se esfuma, entonces queda la imaginación y con ella la otra dimensión donde todo puede volver a pasar.

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