Taller de escritura: Teorías curiosas II

las_palabras_1_medEn una sociedad cada vez más longeva, se ve cada vez más necesario adornar nuestra edad provecta con la mayor cantidad de felicidad y plenitud posible. En este relato de Teorías curiosas, se nos aporta alguna idea definitiva y revolucionaria para ayudar a conseguir este importante objetivo de la raza humana.

Cómo conseguir una vida plena en la vejez

La longevidad de la población en los países desarrollados se ha ido incrementando alarmantemente desde finales del siglo pasado. Paralelamente, las cifras para éste van en la misma dirección y se calcula que en Europa existen alrededor de 100 millones de personas mayores de 64 años. El envejecimiento de la población en la Europa del siglo XXI es una realidad constatada, y a tenor de las estadísticas de los estados, en algunos de ellos las cifras rondan el 20% del total de la población.
El aumento generalizado de la esperanza de vida en los países de nuestro entorno ha sido posible gracias a la reducción de la mortalidad infantil, a los avances de la medicina en la detección precoz de enfermedades, la mejora en el tratamiento de las mismas, la desaceleración de la tasa de natalidad y al bienestar económico y social experimentado por los países europeos a lo largo de varias décadas.
Este aumento de la esperanza de vida, que por sí mismo es un dato positivo y por el que todos deberíamos felicitarnos, no ha proporcionado el esperado bienestar emocional en aquellas personas que lo disfrutan, sino todo lo contrario. Los últimos estudios sociológicos realizados por organismos europeos constatan un incremento progresivo de la depresión en este segmento de la población, con el consiguiente aumento en gasto público. En 2012 en una comparativa del gasto sanitario en todos los países europeos se comprobó que éste había aumentando notablemente, sobre todo en tratamientos depresivos. Ansiolíticos, antidepresivos, y pastillas para dormir fueron la principal razón de ese incremento, como reflejaron las últimas estadísticas del gasto en medicamentos con receta, muy por encima de las enfermedades comunes.
Psicólogos y psiquiatras llevan años apuntando la falta de vínculos afectivos de las personas mayores de 65 años como una causa de la pérdida de motivación por la vida. La pérdida de la estructura familiar, bien por la muerte del cónyuge, o bien por la lejanía de los hijos, priva a estos ancianos de estímulos que regeneren su vida social o familiar, provocando una tristeza paulatina que, en la mayoría de las ocasiones, lleva a cuadros permanentes o esporádicos de depresión. La sociabilidad es una característica intrínseca del ser humano, y no desaparece nunca, ni siquiera en la vejez, sino todo lo contrario, se hace imprescindible en la última etapa de la vida, como indican los psicólogos.
Las autoridades responsables conscientes del problema han ideado diferentes medidas para remediar esta patología. Gimnasia para mayores, clubes de viajes, centros sociales, actividades de ocio y tiempo y libre constituyen diferentes alternativas propuestas con tal fin. Y entonces ¿por qué los datos siguen mostrando esta tendencia preocupante a la depresión?, ¿por qué fallan las medidas propuestas? La respuesta es sencilla: los ancianos necesitan sentirse acompañados en todo momento y no unas horas al día, precisan comunicarse con alguien, participar sus alegrías, preocupaciones, miedos, y eso únicamente puede lograrse desde una convivencia compartida.
El conocimiento de esta realidad social y la necesidad de buscar una solución nos llevó a todo el equipo que conformamos el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Salamanca a trabajar en una línea de investigación que algunos consideraron errática y arriesgada, pero que a raíz de los datos obtenidos nosotros defendemos. La próxima publicación del artículo del Dr. Abati, recogiendo los pormenores del estudio en la revista Science supone el espaldarazo científico a un proyecto que se inició hace tres años, y que defiende que la regeneración de la vida emocional y social de los ancianos es posible gracias a la convivencia con muñecos hinchables.
A lo largo de las siguientes páginas expondremos la metodología que se ha seguido para su realización y las conclusiones a las que todo el equipo ha llegado.
El estudio se ha realizado sobre la base de criterios experimentales inductivos. Para ello se ha trabajado con una muestra de 200 ancianos de distinto sexo, mayores de 64 años, residentes en Salamanca y Zamora, que vivían solos durante un período superior a dos años y que sufrían cuadros habituales o esporádicos de depresión, para los que precisaban tratamiento farmacológico. Durante dos años se ha medido, mediante un seguimiento quincenal los primeros seis meses, y mensual el resto del período, el bienestar emocional de los participantes en el estudio. Para ello se ha procedido a la realización de distintas pruebas: análisis hormonales, resonancias magnéticas funcionales (IRMF), test psicológicos, pruebas lingüísticas y cognitivas. En todas las pruebas los datos arrojados fueron asombrosos.
En primer lugar, el sistema límbico es el que regula la parte emocional de nuestro cerebro, y es donde radica el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral. Todos ellos son los gestores de las emociones humanas: alegría, soledad, tristeza, angustia, etc. Este sistema está en constante interacción con la corteza cerebral, mediante la transmisión permanente de impulsos nerviosos, el continuo movimiento de estos mecanismos neuronales evita la atrofia de las estructuras cerebrales. Se ha comprobado que en seres humanos sometidos a un aislamiento de larga duración las estructuras cerebrales experimentan un adelgazamiento debido a la falta de actividad. Mediante tablas comparativas se procedió a cotejar los datos ofrecidos por las resonancias magnéticas efectuadas en los cerebros de los participantes antes y después del experimento. Las resonancias practicadas con anterioridad constataron la involución de algunas áreas cerebrales, mientras que las realizadas con posterioridad evidenciaron una recuperación e incremento del número de conexiones nerviosas. Quedó expuesto pues que la recuperación de la vida familiar y social a través de muñecos hinchables por parte de las personas participantes trajo consigo una recuperación neural importante.
En segundo lugar, para que la mente humana pueda sentir felicidad es necesario que en el cerebro estén presentes determinados neurotransmisores como: la dopamina, la serotonina, o las endorfinas. Algunas de ellas, como la dopamina, se liberan con el ejercicio físico, la excitación sexual, las caricias o el roce.
La convivencia con muñecos hinchables ha supuesto, en algunos casos el retorno a la vida sexual de muchos de los participantes. De una muestra de 200 ancianos, un 30% admitió mantener relaciones sexuales con ellos con un grado de satisfacción alto. En la actualidad los avances de la industria han conseguido muñecos de gran calidad y elegancia, fabricados con materiales muy parecidos a la piel humana.
Junto al bienestar emocional que se logra, la actividad sexual fortalece el sistema inmunológico y ello tendrá repercusiones notables en el gasto farmacéutico de los países europeos. El refuerzo inmunológico que se consigue es un dato muy positivo, y los participantes experimentan una sensación de rejuvenecimiento.
En el estudio por sexos hemos comprobado que ha sido mayor el número de hombres que han reconocido tener relaciones con los muñecos que mujeres, las cuales se han mostrado reticentes a reconocerlas. Por otra parte, al inicio del experimento se ofreció a los ancianos la posibilidad de elegir el sexo de sus muñecos y aquí las variables fueron notables. Mientras que en el caso masculino un 85% eligió muñecas y sólo el 15% restante se decantó por muñecos; en el caso femenino el porcentaje fue a la inversa y mayoritariamente eligieron muñecos de su mismo sexo. Cuando fueron preguntadas la razón de esta elección ellas adujeron la necesidad de comunicación lingüística como la primordial motivación, “necesito alguien con quien hablar” era mayoritariamente la respuesta proporcionada.
En tercer lugar, y en estrecha relación con lo expuesto antes, hemos comprobado una mejora de las competencias lingüísticas de los sujetos participantes. Numerosos estudios proporcionan evidencias del deterioro en la comunicación y el lenguaje asociado a la edad, hecho que se produce en todas las culturas y todas las lenguas. A través del B.A.T. (Test de la Afasia en Bilingües) los diferentes niveles del lenguaje (fonológico, morfológico, sintáctico y semántico) experimentan una alteración con la edad. El deterioro del lenguaje se manifiesta en los aspectos del lenguaje en los que la capacidad de memoria es más necesaria: acceso al léxico, producción de oraciones. La falta de comunicación empobrece el discurso de los ancianos, y menoscaba sus capacidades léxicas. El experimento ha constatado los avances que estas personas experimentan en este campo tras varios meses de convivencia con los muñecos tales como: mayor fluidez con el lenguaje, progresos en la memoria, coordinación de palabras, reducción de los tiempos de reacción, elaboración de un discurso más complejo etc.

De todo lo dicho se desprenden dos tipos de conclusiones:

1. La convivencia con muñecos hinchables resulta muy positiva para las personas mayores de 65, tanto a nivel físico como a nivel psicólogico, estimula la producción de los neurotransmisores responsables de la alegría, y minimiza sentimientos de tristeza, ligados a procesos depresivos.
2. La segunda conclusión afecta a las instituciones públicas comprometidas con el bienestar social y sanitario de este segmento de la población. Estas instituciones deben ofrecer una solución al problema de la soledad de una población que se incrementa alarmantemente cada año. Esperemos que este estudio pueda servir de plataforma de apoyo para el trabajo conjunto de profesionales e instituciones y en un tiempo no muy lejano los muñecos hinchables puedan constituir la solución al problema de la soledad de los ancianos.

Autor: Anónimo

 

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