Club RATOPORLIBRO: Santuario, de William Faulkner

La novela gira en torno al personaje femenino Temple Drake, joven muchacha de buena familia que se escapa una noche del colegio con un hombre borracho, el coche en el que escapan chocará en las proximidades de una casa vieja desvencijada que ha sido transformada en café por una pareja de negros. Varios personajes al borde de la embriaguez más absoluta entran entonces en escena. Temple será violada por el enigmático Popeye y se cometerá un asesinato…

William Faulkner (1897-1962) nació en New Albany (Mississippi) y creció en las cercanías de Oxford. En 1915 abandonó el colegio y trabajó en el banco de su abuelo. En la I Guerra Mundial ingresó en las fuerzas aéreas de Canadá sin llegar nunca a entrar en acción. A su regreso ingresó como veterano en la Universidad, que pronto abandonó para dedicarse a escribir viviendo de trabajos ocasionales.
Después de un breve viaje por Europa comenzó a escribir sus novelas barrocas e inquietantes, ambientadas en el condado ficticio de Yoknapatawpha (inspirado en el condado de Lafayette), un espacio habitado por pasiones trágicas, desarraigados o familias decadentes que luchan en un escenario árido y desolado donde la doble moral, el conflicto existencial, las diferencias raciales y la discriminación son el hilo conductor de sus narraciones. A pesar de tal localismo, sus personajes y obsesiones, junto con la atemporalidad de los temas, hace que éstos adquieran originalidad y proyección universal.
Para crear una atmósfera determinada, sus frases complejas y enrevesadas se alargan durante más de una página y, jugando con el tiempo de la narración, ensambla relatos, experimenta con múltiples narradores e interrumpe el discurso narrativo con divagantes monólogos interiores.
Faulkner influiría en gran medida en autores posteriores en español, como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Juan Benet, Luis Martín Santos, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa.

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Un pensamiento en “Club RATOPORLIBRO: Santuario, de William Faulkner

  1. Faulkner, una asignatura pendiente.
    Varias veces a lo largo del tiempo intenté hincar el diente a este influyente autor, pero no había manera. Por fin he conseguido leer Santuario y ha resultado una gran satisfacción: es como un puzzle, las piezas van apareciendo a lo largo de la narración a retazos y de forma desordenada, pero al final todo encaja.
    Recomiendo a aquellos que no hayan podido con Faulkner que empiecen por esta obra, más llevadera. Querrán más.
    Ana

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